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CÓMO EXPLICAR LA MUERTE DE UN SER QUERIDO A UN NIÑO DE 3 AÑOS


Bueno, en realidad el título sería "Mi experiencia sobre cómo explicar la muerte de un ser querido a mi hijo de 3 años" pero quedaba un poco de aquella manera...

Estas vacaciones de Navidad han sido sin duda las mejores desde hace 4 años. S ha disfrutado muchísimo de todo porque eran las primeras en que era realmente consciente de lo que pasaba a su alrededor y ha podido participar de las celebraciones en primera persona.

Sin embargo, han acabado con un sabor amargo... El pasado lunes falleció mi abuela E, a los 94 años. Bien es cierto que le tocaba a la pobre descansar en paz, pero igualmente, para los que nos quedamos, es muy triste tener que echarla de menos. 

S conocía a su bisabuela, R no es tan consciente porque apenas tiene 17 meses, pero S con sus tres añitos sí que lo es. Además es un niño que hace muchas preguntas (supongo que como todos a esta edad), y tiene una mamá a la que no le gusta mentirle... Así que se me planteaba la tesitura de cómo explicar a mi pequeño S lo que estaba sucediendo con su bisabuela E.

¿Cómo dimos la noticia a S?

Todo empezó el 30 de Diciembre, cuando nos llamaron para darnos la noticia de que mi abuela estaba muy malita en el hospital. Decían que no iba a pasar de ese día, así que fuimos todos para allá a despedirnos. Y tenía que explicarle a S por qué de repente nuestros planes de domingo habían cambiado y él y su hermana iban a ir a comer a casa de mi suegra. 

Le dije (ya sabéis, siempre poniéndonos literalmente a su altura): "S, mamá y papá tienen que irse al hospital. La bisabuela E está muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy... (muchos "muy") malita y lo más seguro es que se vaya al cielo con Jesús, así que mamá quiere despedirse"

Tenemos la suerte de ser cristianos, así que la parte de irse al cielo creo que nos hace el trabajo más fácil. De todo esto, lo más importante fue lo de los "muchos muy", ya que lo que pretendía era evitar que S se asuste y se piense que cada vez que él o alguien se ponga malito es porque se va a morir. 

S lo entendió y preguntó: "¿Cómo va a ir al cielo, si no tiene alas?" "Porque dentro de nuestro cuerpo somos una especie de ángel, y los ángeles sí tienen alas ¿verdad?".

S se quedó convencido. Fuimos a despedirnos de mi abuela al hospital, pero aún pasó una semana más hasta que Jesús se la llevó al cielo. 

Ese día, el pasado lunes, volví a decirle lo mismo a S, pero ahora confirmándole que la bisabuela se había ido al cielo y mamá y papá iban a decirle adiós a su cuerpo por última vez. La respuesta de S fue la misma, así que le repetí lo de los ángeles. Luego me dijo: "Mamá, ¿todos nos morimos?"

Madre mía, qué preguntitas más difíciles hace este niño... Le contesté la verdad: "Sí S, todos nos moriremos algún día y nos iremos todos juntos al cielo con Jesús". No me dijo nada más.

Preparándonos para el entierro:

El martes era el entierro. En mi cabeza me lo había planteado como: dejo a los niños con mis suegros y me voy yo al entierro y así no tengo que dar más explicaciones, porque S va a flipar cuando vea la "caja", no vea a la bisabuela, vea a todos llorando, y vea la caja bajando por la tumba en un cementerio... ¿cómo narices le explico a S lo que es un cementerio? 

Pues mis planes se torcieron y ahora puedo decir: MENOS MAL que se torcieron. Mis suegros trabajaban, así que si quería ir al entierro tenía que llevarme a los niños conmigo. "No es un lugar ni un momento para los niños" pensé al principio... pero luego me comí mis palabras. 

Yo me acuerdo de cuando con 6 años falleció mi abuelo. Simplemente me lo dijo mi madre llorando, rezamos un Ave María y al día siguiente no fuimos al colegio, nos quedamos en casa (precisamente) de mi abuela E. Recuerdo que llovía a cántaros y que fue la primera vez que me dejaron un mando de la TV y vimos todo el día una cosa que se llamaba "Nickelodeon" y que tenía un montóoooooon de dibujos. Y ya... ni un adiós, ni un nada, ni siquiera sabíamos qué estaban haciendo los mayores. 

No quería eso para S. Así que se lo expliqué la noche anterior:

"S, mañana tenéis que acompañarme a decir el último adiós a la bisabuela, a pedirle a Jesús que venga a llevársela al cielo y a dejarla en un sitio esperando a que venga Jesús a buscarla". 

De repente me acordé de un libro que tenemos de SM: "Cuando estoy TRISTE" se llama. En él hay una ilustración de un abuelo con su nieto (son conejitos) visitando la tumba de su abuelita. De hecho es la ilustración que encabeza este post. Fui a buscarlo y se lo enseñé a S. Le expliqué que dejaríamos a la bisabuela en un cementerio como ese esperando a que Jesús viniera a buscarla. También le anticipé que habría personas tristes, incluso que el abuelo J estaría triste porque la bisabuela era su mamá, y que yo también estaría triste a ratitos, pero era porque la iba a echar de menos. 

En el entierro...

Al día siguiente fue todo rodado. S y R me acompañaron primero al tanatorio, donde tuvimos la misa en la que le pedimos a Jesús que llevara a la bisabuela al cielo, y después al cementerio. Le enseñé a S el féretro y le dije que allí estaba la bisabuela, y me llevé el cuento del conejito por si lo necesitábamos de nuevo. S alucinaba pero muy serenamente, yo creo que estaba interiorizando todo. Cuando metieron el féretro en la tumba y echaron la tierra encima, se quedó pasmado. Me agaché y se lo volví a recordar: "ahora la bisabuela está esperando a Jesús, aquí hay mucha gente esperando a Jesús" y miramos las tumbas, y las flores y las esculturas de Cristos, Vírgenes y Ángeles. 

Cuando se fueron los enterradores nos acercamos a la tumba y miramos dentro. Dijimos juntos: "adiós bisabuela". ¡Fue tan consolador para mí! Sin S no me habría atrevido a hacerlo y creo que es algo que nunca se me olvidará. 

Conclusiones:

Por la noche, en nuestra conversación en la camita, le dí las gracias a S por acompañarme a decirle adiós a mi abuelita... S me dio un beso y me dijo "de nada, mamá". Me confirmó que lo había entendido todo, a la manera de un niño de 3 años, claro está, pero todo, sin traumas, de manera natural y sencilla... 

Y con esto solo quiero confirmarme a mí misma que es buena idea normalizar estas situaciones (y de paso si ayudo a alguien, bienvenido sea). La muerte es tan natural como el nacimiento, solo que la hemos convertido en un tabú... y no debería ser así... Así que ¿por qué no hacer partícipes a nuestros niños de ello? Siempre, claro está, en la medida de su madurez emocional y de su nivel de desarrollo. Pero... dejemos que se despidan de los seres queridos, igual nos sorprenden e incluso nos ayudan a nosotros, los adultos, a pasar el duelo. 

Adiós bisabuela, te veremos de nuevo en el cielo. 


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Comentarios

  1. Me ha gustado mucho esta entrada. Gracias por compartirlo.

    En un curso sobre acompañamiento en el duelo nos decían precisamente eso, que normalizarlohablarlo y sobre todo hablarlo, no convertirlo en un tema tabú. Me parece muy muy buena forma como lo y se lo explicastocasteexplicaste

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por tu comentario!!

      Desde luego que sí, es muy necesario que este tipo de situaciones dejen de ser un tabú... además no me imagino ocultando cómo me sentía las 24 horas del día ¡habría sido misión imposible! Y más con estos niños, que lo captan todo al vuelo :-)

      Por suerte cada vez hay más formación/información al respecto.

      Gracias Sara V ;-) ;-)

      Eliminar

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