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INFANTIL EN CASA (3 AÑOS): UN ÁRBOL DE OTOÑO

El otoño ha llegado un mes tarde a nuestra pequeña casita, pero... ha llegado.

La maestra de infantil que hay en mí tenía pensado que una de las primeras "Unidades Didácticas" que iba a presentar a mi pequeño S era, como no podía ser de otra manera, "El Otoño". (Luego te vas sumergiendo en este mundillo de la educación en casa y te das cuenta de que ni Unidades Didácticas ni nada... la vida es la mejor maestra... pero esto da para otro post).

Y cuál fue mi decepción al ver que a S en septiembre no le interesaba el otoño para nada, en absoluto, ni lo más mínimo. Así que una vez más la realidad se impuso y Mamá tuvo que reestructurar sus planes, tanto que estos dos meses no hemos hecho "nada" relacionado con la educación en casa (según lo que parece que creen muchos que deberíamos estar haciendo), aunque en realidad hemos hecho mucho (pero "ellos" no lo saben... XD). Pero ¿qué ocurre? que esto no es un cole, ni S es mi alumno, ni esto de la educación en casa (al menos en la nuestra) va por Unidades Didácticas perfectamente programadas. 

Esto va (o eso intentamos) de seguir al niño (como bien decía Maria Montessori). Así que si a S no le interesaba un pimiento el otoño ni nada parecido y lo que le interesaba de verdad eran sus excavadoras, sus piedras, su plasti, sus cajas de cartón y su vida de niño feliz, no iba a ser yo la que le obligara a hacer nada relacionado con otra cosa. 

El cambio de opinión de S

Pero todo cambió el domingo pasado, cuando J y yo nos paramos a hablar largo rato en la calle con unos amigos. La acera estaba inundada de hojas de árboles marrones y amarillas, además hojas bastante grandes que llamaron la atención de mi chico, quien tuvo mucho tiempo para entretenerse recogiendo un ramo enorme de esas hojas (de hecho fue como si no hubiera niño, estaba todo concentrado recogiendo sus hojitas). 

De camino a casa (una calle solamente XD) J le preguntó: "¿Sabes por qué estaban todas esas hojas en el suelo?" "Porque es Otoño" contestó de manera contundente mi pequeño S. Así, sin más, porque sí, porque lo ha observado, porque no ha hecho falta "enseñárselo", porque lo sabe. 

"¿Y qué vas a hacer con todas esas hojas?" insistió J. Yo pensaba que diría algo así como: "romper" (S llama romper a hacer agujeros con cualquier cosa que parezca un taladro como si fuera una excavadora). Pero me volvió a sorprender porque dijo: "VOY A HACER UN ÁRBOL". 

¿Cómo lo hemos hecho?

¡Ea!, un árbol. Guardamos las hojitas porque no podíamos hacerlo en ese momento y al final de esta semana S ha hecho su árbol de otoño. Un árbol que en mi cabeza de maestra de infantil se veía bien diferente (más parecido a los perfectos árboles de otoño que salen en pinterest o que se ven en muchas escuelas infantiles...lo que me hace pensar que la participación de los niños en esos resultados es mínima) pero cuyo resultado me parece aún más precioso que si hubiera quedado como el que estaba en mi cabeza... ¿Sabéis por qué? Porque es un árbol completamente pensado, diseñado y realizado por mi pequeño S.

S dirigió hasta los tiempos de realización, todo a su ritmo (muy desesperante para mí porque enseguida me sale el juicio de "se distrae con una mosca"). Mientras hacía el árbol fue un castor cortando las ramas con sus dientes y haciendo una madriguera, un carpintero con su sierra cortando la madera para hacer el tronco, y un niño muy motivado cuando empezó a ver el resultado. Y durante todo el proceso me tuve que morder la lengua varias veces para no decirle eso de "pero S, ¿quieres hacer el árbol o no?" (bueno, solo se lo dije una vez... ¡me cuesta tanto todavía no intervenir!).

¿Cómo ha quedado?

Y aquí está el resultado: S decidió que el tronco iba a ser un trozo de madera (cartón, pero lleva toda la semana con una caja de cartón jugando a que es madera y la corta con la sierra), decidió que iba a pintar las ramas de color azul porque es su "color falolito" (al final de tanta rama terminó pintando un sol en el centro) y decidió que solo iba a poner una hoja en el suelo. También decidió colocar así las hojas, yo solo le fui poniendo cinta de doble cara en cada una para que él las pegara a su gusto. 


La verdad es que luego le pregunté y me dijo que disfrutó un montón (sobre todo porque es tiempo en exclusiva que le dedico a él). Enseña su árbol a todo el mundo muy orgulloso (lo pusimos en el cuarto de los juguetes pero bien alto, en lugar de abajo como nos habría gustado, porque si no R lo iba a destrozar en dos minutos XD).

¿Qué hemos aprendido?

¿Y qué hemos aprendido con esta actividad? S no sé si habrá aprendido algo relacionado con el otoño que no supiera ya, pero lo que está claro es que aprendió que su libertad de elección es importante, y quiero creer que actividades en las que ellos llevan la voz cantante (que deberían ser muchas) a largo plazo les ayudan a tomar decisiones, a diseñar, a ser creativos y resolutivos, a pensar procesos para llegar a un resultado concreto... y por supuesto ejercitó sus manitas cortando con la "sierra", dibujando con el rotulador, y quitando papelitos de la cinta de doble cara.

Desde mi humilde opinión todo eso vale más que "aprender" que en otoño se caen las hojas de los árboles y comienzan días de frío y lluvia... ¿O no?

Y yo, ¿qué he aprendido yo? Pues que tengo que relajarme y disfrutar más aún y dejar a mis pequeños que hagan y que sean ellos mismos y que demuestren que son capaces solos de hacer cosas increíbles. En definitiva, dejar que los niños sean niños. 

Y es que en realidad... yo no les enseño nada a ellos, ellos son los que me acaban enseñando más a mi.


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