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LAS 3R PARA REPARAR LOS ERRORES (DISCIPLINA POSITIVA)


Pedir perdón no es nada fácil, primero porque no sabemos, a muchos nos han enseñado/obligado a que ante un conflicto se dice la palabra perdón y ya (como mucho nos han obligado también a darnos un beso y un abrazo en ese momento)... pero a veces eso no basta porque no sana la herida que se ha creado en ese conflicto. Sanar requiere de algo más profundo. 

En segundo lugar, para pedir perdón hace falta humildad para reconocer los errores, reconocer que no somos perfectos, que nos hemos equivocado. Muchos de nosotros (me incluyo) tenemos los errores asumidos como algo negativo que hay que ocultar o erradicar de nuestras vidas, también tenemos asumido que si hay un error, hay un culpable, y ese culpable tiene que pagar (incluso si nosotros mismos somos los "culpables", nos hacemos pagar el error). Pero gracias a Dios, la Disciplina Positiva nos da la oportunidad de enseñárselo a nuestros hijos y de reaprenderlo nosotros de otra manera mucho más alentadora, sanadora y capacitadora. 

En Disciplina Positiva se proponen las 3R para REPARAR ERRORES, que son 3 pasos necesarios para sanar esa herida que se ha creado y buscar una solución conjunta para intentar que no vuelva a ocurrir, en lugar de buscar culpables, que no sirve nada más que para hacer más daño. 

Estas 3R son: RECONOCER, RECONCILIARSE Y RESOLVER

Se dice fácil, pero en la práctica sigue costando, y por eso, cuando sale bien, pues oye, casi que hay que celebrarlo, así que, con permiso de J y de mis niños, hoy os comparto, por si os inspira, un ejemplo de esas veces en las que ha salido bien en nuestra familia imperfecta.


El conflicto 

La semana pasada tuvimos un conflicto gordo en casa (conflictos hay todos los días, pero este fue bastante más grave de lo "normal")

Una noche, ante el cansancio acumulado por todos de toda la semana, J y los niños entraron en una lucha de poder enorme que acabó con faltas de respeto entre los 3 (de niños aliados entre ellos hacia el adulto y del adulto hacia los niños). Acabó ahí porque yo, que no formaba parte del conflicto, tuve que intervenir.

Os podéis imaginar cómo se acostaron los 3 ese día. Cuando estaba acompañando a mis hijos para que se durmieran, ellos mismos me dijeron que se sentían: tristes, enfadados, furiosos, dolidos... Heridos. Sentían que su padre, al que tanto quieren, les había hecho daño y era un enemigo directo al que había que atacar (de lucha de poder pasamos a ciclo de venganza). 


La calma 

Por supuesto, no les obligué a pedir perdón a J, el perdón no puede nacer de una obligación externa, ni tampoco hicimos como si no hubiera pasado nada y todo estuviera olvidado, simplemente estuvimos charlando un rato para calmarnos y pensamos en una solución para que la próxima vez que se vieran en un conflicto así, pudieran parar antes de llegar a ese extremo de faltas de respeto.

Les expliqué, que cuando alguien te falta al respeto, somos nosotros mismos los que debemos respetarnos, y devolver la falta de respeto con otra falta de respeto más grande no es la mejor solución: "¿Sabéis lo que intento hacer yo cuando alguien me falta al respeto? Empiezo por respetarme yo misma y me voy. No siempre me sale, pero es lo que intento"

S me dijo que en un momento así, de tensión, era muy difícil parar e irse (y lleva toda la razón, por naturaleza lo que nos sale es atacar, por eso a mí no siempre me sale 😁), así que les propuse pensar en una palabra que yo (u otro miembro de nuestra familia) les pudiera decir desde fuera para que ellos se acordaran de parar cuando tuvieran otro conflicto así. Cada uno pensó su palabra. S decidió que la suya sería MÓNACO-ESPADONA y R escogió... KITTYKITTYMISI (como os podéis imaginar, me las tuve que apuntar 😂). De la risa que les entró con las palabritas, se relajó muchísimo el ambiente y por fin se durmieron algo más tranquilos. 


La solución

Entonces, fui a donde estaba J. Os confieso que yo había sentido todo eso que habían dicho los niños que sentían, pero hablar con ellos primero me calmó a mí también, y desde la calma y no desde el enfado, pude hablar con J, que como el pobre está cansado de escucharme decir siempre lo mismo, ya sabía por dónde le iba a salir😅: los niños le habían faltado al respeto, eso era innegable, pero el adulto, el que tiene (o debería tener) herramientas para ese momento, es él, no ellos, y él les había hecho mucho daño. 

"Toca reparar, pero no pedir perdón y punto, reparar va más allá, es un poco como lo que el Señor invita a hacer a Pedro cuando, una vez resucitado, le pregunta 3 veces si le quiere" (Es cierto, lo de reparar los errores que propone la Disciplina Positiva, me recuerda inevitablemente a Jn 21, 15-19)

J entendió perfectamente lo que quería decir. Al día siguiente, cuando llegó del cole, apareció en la puerta con un ramo de flores. S, que ya se había olvidado del conflicto (R era la que tenía más herida porque fue la más atacada), me acercó el ramo a mí diciendo emocionado: "¡Mira lo que te ha traído papá!"

"Es precioso, pero creo que esta vez no es para mí"

Exacto, no era para mí, era para ellos. J se les acercó, reconoció que les había faltado al respeto y les pidió perdón a cada uno. Inmediatamente, S, nos sorprendió también pidiendo perdón a su padre por haberle devuelto la falta de respeto y le contó la solución que se nos había ocurrido para no llegar a ese nivel de faltas de respeto (las palabras mágicas) y quedaron en pensar otra palabra para parar a J.

J tuvo que hacer un esfuerzo extra con R, que estaba visiblemente emocionada con sus ojillos vidriosos pero muy callada y cabizbaja porque, como os cuento, era la más herida. Pero como J es así de detallista, le contó que había elegido el ramo por una gerbera enorme de color rosa (el color favorito de R) y que esa era para ella. Ahí se la ganó (no "la ganó") y R, espontáneamente, le dio un beso y un abrazo enormes. 

Ya reconciliados, dividimos el ramo en 3 jarroncitos (me dieron a mí el más grande 😍) y cada uno puso el suyo en su habitación. Cada vez que los veo me acuerdo de lo afortunada que soy y de lo afortunados que son S, R y M de tener a J como padre, un padre que en casa sabe ser el primero en humildad, y que sabe mejor que nadie RECONOCER sus errores, pedir PERDÓN incluso a sus hijos y buscar SOLUCIONES de lo más creativas para intentar curar las posibles heridas que puedan haber salido en el corazón de cada uno. 


Creo firmemente que, aunque no les obliguemos a pedir perdón, ellos van a aprender a hacerlo siendo testigos de este tipo de situaciones tan bonitas y viviendo en primera persona, el ejemplo de su padre. Por supuesto, la solución no pasa siempre por un ramo de flores (ni por un regalo de otro tipo), pero me pareció un detalle tan bonito, apropiado y original, que quería compartirlo con vosotros... Porque no se nos suele ocurrir regalar a los niños algo tan bonito como unas flores, antes pensamos en unas chuches, o unos juguetillos... ¡y qué hay más bello que regalar un ramo de flores! Ellos desde luego, quedaron encantados y durante toda esta semana, lo hemos seguido disfrutando porque entre las flores había varios capullos que hemos podido observar día a día y ver cómo se abrían y salían unas flores enormes y blancas PRECIOSAS. 

¿Qué os parece la solución de J? ¿Estáis conmigo en que cuesta muchísimo pedir perdón y más aún, hacerlo bien?

¡Gracias como siempre por leerme!

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